La Muerte en el México Prehispánico

In Tradiciones

Información en la Exposición de la Ofrenda Magna de la Ciudad de México

Fotos por Mary J. Andrade

En México, las ceremonias rituales dedicadas a los muertos se practican desde antes de la llegada de los españoles.

Entre los antiguos mexicanos se creía que la vida de todo hombre estaba constituída por tres fluidos vitales: el Tonalli localizado en la cabeza; el Ihiyotl, asentado en el hígado; y el Teyolía, cuyo centro era el corazón. Cuando la muerte acontecía, estos tres elementos se separaban. Entonces el Teyolía o alma, tenía la posibilidad de ir a dos regiones, localizadas más allá del mundo real, en atención a la forma cómo se había muerto o al grupo social de pertenencia.

Al Mictlán, reino del dios Mictlantecuhtli, llegaban la almas de los que había sufrido una muerte común, a más de los difuntos del rango social menor. Al Tlalocan, sitio paradisíaco del dios Tláloc, arribaban las almas de los guerreros muertos en combate, las parturientas, los nobles y los fallecidos por alguna enfermedad relacionadas con el agua.

Como el viaje al más allá era agotante, los deudos del muerto le dedicaban ofrendas que colocaban junto a hogueras cuya finalidad era conducir el ama. El viaje del Teyolía hacia el Tlalocan duraba ochenta días y para llegar al Mictlán se requerían cuatro largos años. Bien se tratara de un sitio u otro, era deber de los familiares poner continuas ofrendas de comida, bebida, ropa, joyas y demás utensilios, para que los muertos no careciecen de lo indispensable. Cumplidos ambos lapsos se daba por terminado el ritual de las ofrendas.

Los mexicas tenían dos tipos de ritos funerarios: la cremación y el entierro. Los muertos comunes se incineraban. Se les envolvía en posición fetal, con telas y se les colocaba una máscara. Las cenizas se guardaban en una urna y se les ponía un trozo de jade, como un símbolo de vida. El entierro estaba destinado a los altos funcionarios y a los soberanos. Se les ajuareaba lujosamente con joyas y máscaras funerarias y en la boca se depositaba una piedra de chalchihuite que remplazaba el corazón verdadero.

 

 

 

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